sábado, mayo 07, 2005

Teorema de Coase y fundamentación del Estado (Revisitado)

Después del post de la semana pasada sobre el Teorema de Coase, ha habido una serie de respuestas que merecen aclaración y en vez de añadir comentarios en el post anterior, voy a escribir uno nuevo.
Daniel Rodríguez me dice:

“Hombre, dividido en parcelas el lago y con los derechos de cada uno a su parte claros, nadie tendría derecho a contaminar ninguna parte del lago porque estaría destruyendo la propiedad de otro. Si una parte del lago se contamina por aguas que vienen de otra, el propietario de la primera podría demandar al de la segunda por daños. No obstante, es cierto que los derechos de propiedad son más complicados de hacer funcionar sobre líquidos y gaseosos.”

Lo cierto es que esa respuesta es intuitivamente justa, pero no consigue un resultado económico eficiente como hice notar antes:

“Supongamos que cada pescador tiene derecho a vetar la contaminación [puesto que recibiría daños en su parcela] y ahora imaginemos que (…) la depuradora vale 9.000.000 euros y los beneficios de la pesca en el lago son 4.000.000. Entonces si los 99 restantes se ponen de acuerdo en recibir, por ejemplo 60.000 cada uno y renunciar a la pesca, dejando el lago para la industria, el último exigirá a la empresa 8.000.000-99*60.000=2.060.000, y aun así la empresa tendrá un beneficio de 1.000.000. Todos tienen incentivo a ser el último a entrar en el contrato, así que nadie será el primero. Es decir no habrá contrato y el resultado optimo (en este caso, contaminar) no se alcanzará. Problema de acción colectiva”

En efecto, si lo óptimo es contaminar, ofrecer a cada participante un derecho de veto sobre la contaminación crea incentivos a apropiarse, utilizando ese derecho, del valor de la propiedad de los demás. El derecho de veto da lugar a una situación donde cada agente puede impedir a cualquier otro hacer un uso de su propiedad (dejar que sea contaminada).

El lago de nuestro ejemplo puede ser poseído por parcelas para establecer pesquerías, pero para ser contaminado, solo puede ser poseído en común. Dar derechos a un agente a contaminar su parte sin aceptar responsabilidades es ofrecerle la oportunidad de destruir gratuitamente las propiedades ajenas. Pero a la vez, impedir a un agente contaminar las propiedades de los demás es TAMBIEN impedirle usar la SUYA propia plenamente (para ser contaminada). Ambas reglas implican ofrecer derechos a un agente sobre la propiedad de los demás; esto es así porque como ya he dicho la propiedad del lago COMO SUJETO DE CONTAMINACIÓN es necesariamente común y toda regla aparentemente “individualista” es implícitamente colectiva.

El hecho de que Daniel prefiera una regla :”derecho de veto sobre la contaminación” sobre la otra “derecho a poseer mi propiedad como me plazca”, a pesar de que ambas son simétricas y simétricamente ineficientes (¿e incluso simétricamente injustas?), se debe a que nuestra intuición de justicia esta muy relacionada con el mantenimiento de “statu quo” (que es, en este caso, dejar el lago como está).

Esto es precisamente el corazón del iusnaturalismo: la idea de que el “statu quo” es intocable salvo por decisión unánime (=contractual). Este ejemplo (el lago que debería ser contaminado y no lo es por un problema de acción colectiva) es un caso donde el “statu quo” es ineficiente y no hay solución contractual.

En todo caso, la intangibilidad del “statu quo” para mi no es un valor ético, y por eso mi apoyo a la propiedad privada viene de su valor incentivador y de que detesto las alternativas burocráticas, pero no de su fundamentación moral. No soy conservador y el iusnaturalismo (no me había dado cuenta hasta ahora) es eso: conservadurismo y contractualismo. Apoyo el contractualismo, pero si algo detesto de la propiedad privada es que tiende a perpetuarse y perpetuar el orden social.

Respecto de las soluciones judiciales ( “Si una parte del lago se contamina por aguas que vienen de otra, el propietario de la primera podría demandar al de la segunda por daños”) no hay que olvidar que son también arbitrarias y están sometidas a las críticas generales sobre la imposibilidad del cálculo socialista. Si el juez tiene que decidir la indemnización por la destrucción de una parcela del lago, enfrentará las mismas dificultades de valoración que cualquier otra rama de la administración. En Europa hemos elegido un modelo basado en las decisiones administrativas para enfrentar este tipo de problemas; en los Estados Unidos, las decisiones de esta clase se suelen dejar a los tribunales; el resultado en América es quizá más eficiente, en la medida en que existe la posibilidad de tomar acuerdos extra-judiciales. Pero la sociedad americana es una sociedad hiper-litigante en parte porque el poder judicial hace buena parte de las funciones administrativas.

“Por último, considerar Kyoto como una solución adecuada me lleva a considerar que no has estudiado mucho el tema.” Es cierto: nunca me he creído mucho lo del calentamiento global. Pero creo que las bases de Kyoto (es decir, reparto internacional de derechos de contaminación comerciables) son impecablemente liberales. (En todo caso, como no me creo las hipótesis, tampoco me intereso por la tesis; pero si alguien quiere hacer un rediseño hipotético de Kyoto, suponiendo que fuese realmente necesario limitar las emisiones de CO2, me encantaría leer el resultado)

Dejando aparte el ejemplo del lago, quiero hablar un poco acerca de algunos sectores económicos donde hay claras externalidades:

SEGURIDAD: La seguridad pasiva, es decir la que consiste en poner vallas, guardias o circuitos cerrados de TV en una propiedad tiene escasas externalidades: la propiedad internaliza los costes y las ganancias y ya está. Por tanto, si la tecnología óptima de producción de seguridad fuese defensiva, la seguridad podría ser totalmente privatizada. Ahora bien, si la forma óptima de acabar con el crimen es perseguir a los criminales, entonces hay una enorme externalidad en cada detención: el delincuente va a prisión y eso reduce el número de delincuentes para todos. Si un delincuente reincidiese siempre sobre la misma propiedad, a esa propiedad le seria rentable perseguir al susodicho delincuente. Pero si el delincuente va cambiando de propiedad, los incentivos a detener al criminal PARA CADA PROPIETARIO serían pequeños.

Por otro lado, la persecución privada de delincuentes tiene varios problemas obvios: el más grave, el incentivo del detective a culpar a un inocente en vez de perseguir a los culpables (en mi opinión la tecnología optima para lograr recompensas sería la inculpación falsa, en vez de la persecución de los criminales); además si la regla que se sigue para perseguir a los delincuentes es la de retribución de lo sustraído, el total de botines recuperados será siempre menor que el total de lo robado. Es decir hay incentivos agregados a robar.

Cualquier mecanismo que esté basado en trabajos forzados no será eficaz. El trabajo esclavo es poco productivo. Y la misión principal de la ley ES PREVENTIVA (que no rehabilitadora): el motivo principal para perseguir a los criminales no es resarcir por los daños pasados, sino evitar los daños futuros (el delincuente en general destruye mucho más de lo que consigue: tanto en el robo como en los demás crímenes). Por eso merece la pena gastar siempre mucho más en detener a un criminal de lo que se pueda recuperar en la detención; y merece la pena castigarle por encima del daño causado, para tomar en consideración la probabilidad de NO SER DETENIDO. Todas estas dificultades nos imponen un sistema publico o al menos públicamente subvencionado (o mixto: publico en parte y subvencionado en otras partes) de seguridad interior.

INFRAESTRUCTURAS: sin el Estado expropiando tierras, la construcción de las carreteras y otras infraestructuras sería imposible. El empresario privado tendría que comprar tierras para construir la carretera, y en cuanto los propietarios saben que va a pasar una carretera, sube el precio de las tierras.

Cuantas más parcelas tiene el empresario de la infraestructura, más valora las pocas que le faltan y más piden los propietarios por ellas. Esto encarece las tierras y desincentiva las inversiones en infraestructuras. Así resulta que la carretera no se construye porque el precio de la tierra sería demasiado alto. Y el precio de la tierra es alto SOLO si se construye la carretera. (¡!)

Este efecto os resultará familiar si habéis hecho colecciones de cromos de fútbol. Siempre había uno que os faltaba y a cambio del cual estaríais dispuestos a dar un montón de otros cromos. Ese cromo más allá de su valor intrínseco tenía el valor de ser “el que faltaba”. Los que producían los cromos de fútbol utilizaban ese efecto “cuello de botella” y algunos jugadores jamás aparecían.

Otro ejemplo: Jose Carlos Rodríguez nos recordaba el caso de los facilitadotes inmobiliarios, que negocian que los inquilinos de renta antigua abandonen las casas, para poder construir en el solar. Es obvio que el último inquilino en abandonar el inmueble es el que más recibe. Lo mismo que hacía en el ejemplo del lago el pescador que quedaba el último. En todos estos ejemplos, la existencia de una propiedad común subyacente (el edificio de apartamentos que no puede derribar por un solo inquilino, el lago que no se puede contaminar por un solo pescador, o la carretera que depende de una parcela de tierra), la solución de mercado es INEFICIENTE. Esto no demuestra que la solución pública no lo sea, pero cuando la externalidad es muy grande, no hay opción: El Estado debe intervenir.

¿Cómo se mide la externalidad? ¡Con mucho cuidado!

Medir externalidades en un sistema comunista donde no hay precios es imposible. Pero en un sistema donde la mayoría de los precios están disponibles es mucho más fácil. El Estado en su faceta “empresarial” (diferente a la faceta redistributiva) enfrenta los mismos problemas de agencia y error empresarial que cualquier otro participante en los mercados. Y el mercado es su herramienta para un (necesariamente imperfecto) cálculo socialista.

PD.- Por cierto: ha ganado Tony. Socialdemócrata de mercado. A ver si aprenden aquí.
PD2.-Post y discusión en Liberalismo.org sobre este tema.