Edward Gibbon: "Historia de la Decadencia y Caida del Imperio Romano"
“I have described the rise of barbarism and religion”
Edward Gibbon, “Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano”
Si a pesar de las pruebas físicas y los testimonios directos, la Historia es en si misma un terreno siempre fértil para la disputa intelectual y los prejuicios disfrazados de ciencia, no es sorprendente que la controversia sea aún más aguda en el campo de la Historia del Pensamiento, donde en última instancia el juicio de valor no tiene siquiera que adecuarse al guión preestablecido por los hechos. Por eso, los mitos y la ideología son un componente importantísimo de la historiografia del pensamiento.
Entre esos mitos, pocos más simultáneamente falsos y culturalmente destructivos que el que atribuye la Ilustración a los filósofos franceses. La Ilustración fue un movimiento de magnitud continental, pero alcanzó su culminación intelectual y política en Inglaterra y en las Colonias Americanas. El s.XVIII fue un siglo marítimo, racional y afectadamente clasicista. Fue un tiempo de sensualidad y escepticismo. Y fue el primer siglo inglés.
La indiferencia hacia la Ilustración inglesa ha envenenado intelectualmente a España y quizá a todo el continente. Hoy en día, después de dos siglos de éxito constitucional americano, todavía es posible acabar una licenciatura en Ciencias Políticas sin saber de la existencia de los “Federalist Papers”, el texto de Teoría Política más influyente de la Edad Moderna. Muchos no saben quien fue Locke; y Hobbes todavía es leído como una reliquia histórica, en lugar de verlo como el continuador de Epicuro o Lucrecio.
Pero desde una perspectiva literaria e intelectual, la ignorancia más irreparable es la que se refiere a Edward Gibbon. La obra de Gibbon se reduce prácticamente a un solo libro: “La Historia de la Decadencia y Caida del Imperio Romano”.
El libro abarca el periodo que discurre desde la época dorada de Roma bajo el Gobierno de los Antoninos, hasta la Caída de Constantinopla. Tres mil páginas y mil trescientos años de una dolorosa elegía donde el talento del autor se alía con la melancolía del tema.
El tiempo que se extiende entre Augusto y Marco Aurelio se caracteriza por el crecimiento económico y la igualación social. Vencida la Republica, y muerto el concepto aristocrático de ciudadanía Romana, las provincias se fueron fundiendo en esa relativa homogeneidad cultural y social que caracterizó la época. Los esclavos (por supuesto, por la conveniencia de sus amos) son manumitidos, pero ese proceso, que es mas o menos traumático en la primera generación, crea las bases de un trabajo asalariado, que por su superior eficacia productiva (Toqueville repite este análisis en "Democracia en América") va marginando a los métodos de producción esclavista.
Ya en la epoca de Augusto el número de los libertos levanta el escándalo de los romanos de "siempre", y desde ese momento una de las quejas de todos los escritores es que los advenedizos son susceptibles de alcanzar cualquier posición. Las críticas de Tácito y la aristocracia senatorial son la mejor defensa de la naturaleza igualadora de la monarquía. Del mismo modo, al comienzo de la Edad Moderna, los comunes se unen bajo la bandera del príncipe.
Desgraciadamente, a pesar de sus virtudes meritocráticas, el despotismo ilustrado de los Césares estaba sometido a periódicos sobresaltos sucesorios, ya que el principio hereditario jamás se impuso, y en su lugar prevalecían las armas . Las guerras civiles provocaron una sucesión de calamidades que ocuparon los siglos III y IV, y que culminaron en las invasiones germanas.
Mientras esto ocurría en el plano político, en lo ideológico se produjo en triunfo de Cristianismo. Es bien conocido que Gibbon es el primer historiador de la Iglesia cuya aproximación es agnóstica e incluso neopagana. Pero mientras que entre los ilustrados franceses la religión era vista con hostilidad y su destrucción con esperanza, Gibbon desde una postura igual de irreverente, pero también más realista, la ve como un pilar del orden social y propone el ejemplo del sacerdocio pagano (en una línea de realismo elitista comparable con la de los neocons):
“Notwithstanding the fasionable irreligión which prevailed in the age of the Antonines, both the interests of the priests and the credulity of the people were sufficiently respected. In their writings and conversation, the philosophers of antiquity asserted the independent dignity of reason; but they resigned their actions to the commands of law and custom”
Después de la caída del Imperio Romano de Occidente, el autor dirige inmediatamente sus ojos al Este, donde subsiste el de Oriente, y describe las vicisitudes de su supervivencia, y el periodo de esplendor durante el cual las Armas de Belisario y el Trono de Justiniano gobiernan el Mundo y someten Italia y África.
Los volúmenes IV, V y VI son un formidable tratado de Historia Medieval, bajo un punto de vista único: frente a la visión eurocéntrica que nos presenta la Edad Media como una monótona lista de batallas y caudillos germanos, Gibbon toma Constantinopla como el centro geográfico de su narración, y desde esa perspectiva presenciamos el ascenso del Islam, la reducción del Imperio Bizantino a Asia Menor y Grecia, el Imperio de Carlomagno y el Papado medieval. Luego se centra en las Cruzadas y en los confusos acontecimientos que las siguieron, y que culminaron con la creación del Imperio Latino.
Y finalmente, después de mil años de intrigas y combates, en los cuales reconozco haberme sentido profundamente identificado con las vicisitudes e incluso con los vicios de los Bizantinos, el libro acaba en un momento de tristeza casi mágica, con la dolorosa descripción de caída de Constantinopla en manos de los Turcos.
La eterna lección de la ironía del universo, la futilidad del genio y el esfuerzo para vencer la brutalidad de la materia, y en fin, lo efímero de la gloria y de la vida forman un paisaje desolada belleza a través del cual nos conduce la mano del historiador, que en este caso además es poeta y filosofo.
PD.-Este es la primera obra literaria que leí en inglés y no es muy difícil. Por si acaso, aquí esta en español. No garantizo que esta traducción sea buena. Circula también una horrible, del s.XIX , que debéis evitar como la detestable herejía que es.
